Electric Mary - Electric Mary

Enviado por stalker213 el Dom, 05/11/2017 - 14:33
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Es cierto. Lo admito: Llegados a este punto de la película, admito el cómo verdaderamente todavía existe, aunque ridículamente escaso, ese límite en el cual algo aún puede llegar a sorprenderte. Lo curioso, por eso, es la segunda sorpresa que sobreviene a la primera. Y claro, pues resulta que siendo uno tan elocuente como ya es sabido, te quedas sin palabras.

Quiero decir: Me engatusan para ir a un concierto a una sala con un aforo de no más de cien almas, y encima tengo que llegar al tugurio con el bolo empezado, porque salgo del trabajo tarde y no tengo tiempo ni de atrapar una puto bocado. Bien, lo acepto; Es un compromiso. Llego al sitio con la moto, sí. Lo repito: Caseta de taquillas y el bolo que ya hierve dentro. “No, tranquilo… Ya ha empezado. No tienes que pagar entrada”. Bueno, algo es algo. ¿La conclusión de LA MIERDA? Pfff… Pues eso: Que sin comerlo, ni beberlo (menos todavía esperarlo) he asistido al que posiblemente es el mejor concierto en el que he estado y encima sin pagar. Con muy buena compañía. Y encima a dos metros escasos del escenario. El shock dura varios días.

Y sí, joder, sí. Justo al día siguiente, me uno al sucio Club de la Barra; Aunque esta vez, impulsado no por el azaroso capricho de una vacua computadora, sino por el bendito consejo de un buen amigo. Y hostias, pues tengo que decirlo: En estudio la cosa no es el despiporre salvaje que estos australianos hijos de la gran puta montan sobre las tablas, pero tampoco se queda la historia en moco de pavo enfermo con el conducto anal punzantemente obstruido. No. No, porque este “Down to the Bone” por cuenta de los ya no desconocidos ELECTRIC MARY es la inyección de Hard Rock más sexy que he recibido en el trasero en mucho tiempo. Recuerdo que al principio, el sonido (del disco, vuelvo a aclarar; En directo son una apisonadora) me resulto más facilón y accesible de lo deseable, pero tras repetidas escuchas (cuando digo repetidas, quiero decir MUCHAS más de las que podáis imaginar) llegué a la determinación de como este opus no era otra cosa más que un cañón hirviendo ferozmente en tu puerta de atrás. Muy seria mierda.

Y hoy es obvio que no hablamos de TU METAL. No. Es otra cosa. Pero si estos malnacidos hijos de mil padres no son el híbrido más demencial que existe sobre la tierra entre LED ZEPPELIN y AC/DC, que venga alguien y me rechiste a la cara. Y ahora es precisamente cuando vengo a retomar el hilo al que hacía alusión cuando arrancaba: La primera sorpresa es el estupor con el cual recibes el impacto de estos canguros rabiosos con las peores pulgas; Pero es que la segunda es todavía mayor, no siendo ésa otra que el comprobar como casi nadie los conoce y que sus discos, además de no estar siquiera disponibles en vinilo, están absolutamente tiraos de precio, porque como ya apuntaba ahora hace un minuto: Prácticamente nadie los busca. ¡Ha! Y se vienen de la otra puta punta del mundo a tocar a mi ciudad ¡¡¡¡En un club donde no cabe ni el culo de la Bernarda!!! De locos.

Y que no perdáis el tiempo, cuervitos. No, porque resulta materialmente imposible encontrar un solo segundo de relleno en el disco. Desde “Sorry”, que arranca siguiendo un reguero de pólvora que te ruste las pelotas, hasta “Spred the Electric Luv”. No obstante, la chicha seria se concentra en la mitad del trabajo, siendo algunas de las mejores “Let me Out” (el misil tierra aire con el que abren sus shows), “One in a Million” y el martillo pilón de Irwin Thomas y Pete Robinson machacándote sin piedad los oídos o la absolutamente destroyer “Luv Me”. Otras que no quiero dejarme en el tintero son “Gasoline and Guns”, donde apesta que tumba a “Immigrant Song” o la irremediablemente ganchera “Do Me (Long Way from Home)”. De verás: Rock n Roll del de antes. Sin medias tintas ni mierdas o compromisos de índole ninguna. Tan solo Rock sin refinar, entrando en vena y propiciando la cagada severa en los pantalones de uno mismo.

Los cinco integrantes suman su 20%, aportando cada cual lo necesario para cristalizar la mandanga en una movida de cojones y ruidosa como pocas, pero me permitiréis que señale, aunque solo sea porque todavía se agolpan vívidamente en mi memoria sus estampas, el desempeño de Thomas a las seis cuerdas (este tipo es una bestia como apenas he visto en mi vida), descolgándose con algunos solos que hay que echar para atrás y volver a escuchar para creerlos, y por descontado el del inefable Rusty y sus locas tuberías. A veces ya no se trata tanto de poseer unas cualidades naturales que propicien un chorrazo de voz, sino de la actitud de uno y el respeto que profesas por la música que haces, y este hijo de perra bien sabe lo que se trae entre manos. Demasiado. Volví a verlos por segunda vez en la misma sala un año después –aunque ya sin Thomas- y los efectos volvieron a ser poderosos.

Lo dicho: Hoy no toca TU METAL, pero sí algo que aunque no es lo mismo, me hace hervir la sangre de igual modo. Es un disco enorme que apenas si hace un mes que me entró en la colección (junto al que le sigue), pero que he percutido hasta la saciedad para poder decir que si lo de uno es el Rock, debe poseerlo por todos los medios posibles. Me duele la boca de decirlo, pero lo vomito otra vez más: Ya todo está inventando. No necesito ni quiero que nadie lo haga, de verdad. ESTO es lo único que pido. Honestidad y pelotas como lavadoras.

Valoración: 84%

* Aclaro: Lo edita primeramente Powerage en Australia, pero la basura de reseña está redactada acorde a la edición americana de Irustu. Los tracklists bailan, así que están ustedes avisados.

Rusty: Voz
Irwin Thomas: Guitarra
Pete Robinson: Guitarra
Alex Raunjak: Bajo
Venom: Percusiones

Sello
Powerage